El primer supercoche de Japón

Toyota 2000GT

/

Los sesenta serán recordados siempre como una década de amplitud de miras: espíritus libres, música atemporal, moda sin ataduras y algunos de los vehículos más sensacionales jamás creados.

Mientras que la mayoría de esas joyas de la automoción fueron concebidas y producidas en las mejores fábricas de Europa, Japón desvelaba sin hacer ruido su propia estrella de la escena, que sigue siendo tan irresistible hoy como en el momento en que se presentó: el Toyota 2000GT.

Famoso por protagonismo junto a Sean Connery en la película de James Bond 'Solo se vive dos veces', de 1967, el 2000GT saltó a la palestra mundial ese mismo año, y al hacerlo dejó bien claro que Toyota estaba dispuesta a rivalizar con lo mejor que Europa pudiera ofrecer.

/
/

"Debemos hacer lo necesario no solo para producir el 2000GT, sino para que sea uno de los más grandes vehículos del mundo, sino el que más".

Shoichi Saito

El concepto de un nuevo modelo Toyota Gran Turismo surgió poco después del Gran Premio de Japón, en 1964. Se hizo posible en colaboración con Yamaha Motor Co., bajo la supervisión del jefe del proyecto, Shoichi Saito. Sus instrucciones fueron, simplemente: "debemos hacer lo necesario no solo para producir el 2000GT, sino para que sea uno de los más grandes vehículos del mundo, sino el que más”.

Un año después, la visión de Saito se hizo realidad con la presentación del prototipo ‘280 A1’ en el Salón del Automóvil de Tokio de 1965. Su carrocería cupé particularmente baja no llegaría a manos de los clientes hasta dos años más tarde pero, para aquellos pocos afortunados, desde luego la espera valdría la pena.

/
Separador
/
Separador


Al mirar ahora el 2000GT, parece tan nuevo como el día en que llegó. Se contempla del mismo modo que admiraríamos una obra de arte: empapándonos de sus curvadas líneas de “botella de cola” que fluyen hacia arriba para luego descender por los laterales.

En la parte delantera, unos grandes faros cubiertos con plexiglás ocupan los dos extremos de una parrilla central en forma de T con un discreto paragolpes cromado que protege los extremos de su contorno frontal.

El largo y abrumador capó no solo aloja el motor, sino también unos faros elevables que aportan más iluminación al encenderse pero que permanecen a ras de la carrocería cuando no se utilizan, para incrementar la aerodinámica.

Es evidente que el GT fue diseñado pensando en el conductor. El habitáculo, pequeño pero con una distribución perfecta, que en su punto más alto levanta 116 cm del suelo, se ha colocado expresamente hacia atrás, lo que da lugar no solo a unas proporciones perfectas, sino también a una presencia más elegante y audaz.

Una característica única del GT son las líneas de las ventanas del habitáculo: el pilar A se inclina hacia atrás formando un pico hacia arriba, mientras que la línea inferior de las ventanillas se curva hacia arriba en la parte trasera, siguiendo el perfil del techo.

/
/

Al contemplar esos emblemáticos ángulos y suntuosos detalles, uno empieza a entender lo mucho que influyó el 2000GT en los diseñadores del moderno GT86, la incorporación más reciente de una larga estirpe de modelos deportivos.

/
/

Detrás, los amplios extremos superiores y las líneas fluidas se funden con gran coherencia en la parte inferior, que presenta cuatro faros circulares nítidamente perfilados en una estrecha cola. Como en el frontal, la protegen dos discretos paragolpes cromados, mientras que el centro sobresalen orgullosos los llamativos tubos de escape del GT.

En el interior, desde los bajos asientos, los ocupantes gozaban de una cómoda vista del largo capó y de la carretera por delante. Los elegantes asientos con tapicería estriada de cuero se complementaban con un lujoso volante de dos radios, pomo de la palanca de cambio y salpicadero revestidos de palisandro.

El conductor controla la velocidad y ajusta el régimen del motor gracias a dos grandes esferas de borde cromado situadas detrás del volante, mientras que puede consultar información adicional en cinco indicadores más pequeños justo al lado. Debajo, los ocupantes disponían de un radio con búsqueda automática para relajarse, mientras que todos los demás interruptores y mandos estaban dispuestos de forma sencilla y estructurada, al alcance de la mano.

Sin embargo, el 2000GT era mucho más que la fachada, porque debajo de su suntuosa carrocería y su lujoso interior se hallaba una máquina increíblemente sofisticada para asegurar una conducción a la altura.

/
/
/
Separador

El rendimiento era de primera clase: un motor de 6 cilindros en línea, 2 litros y 150 CV propulsaba el 2000GT hasta una velocidad máxima de 220 km/h, mientras que podía acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 8,6 segundos; la envidia de muchos vehículos modernos.

Afortunadamente, el resto del vehículo no se quedaba corto: los frenos de disco con asistencia eléctrica en las cuatro ruedas, la suspensión independiente, el diferencial de deslizamiento limitado y las ligeras llantas de aleación de magnesio no solo eran componentes equipados por primera vez en un modelo de fabricación japonesa, sino que además ofrecían al conductor todas las herramientas necesarias para un uso seguro y cómodo.

Antes de salir a la venta, en 1967, el 2000GT dejó huella tanto en los libros de historia como en la escena automovilística. Entre los muchos récords de velocidad que batió, tres marcas mundiales y 13 récords internacionales eran los más valorados, mientras el vehículo disfrutaba de un gran éxito en carreras organizadas en Estados Unidos y en Japón, particularmente en las 24 Horas de Fuji de 1967.

Al cabo de tan solo tres años, y 337 unidades, en 1970 salió de la fábrica el último 2000GT, así que es comprensible que ver el vehículo de cerca cuando hay tan pocos ejemplos en el mundo es especial por sí solo. Explorar el ejemplar perfecto mostrado en estas fotos —que el Museo Louwman holandés tiene el placer de exponer— resultó aún más fascinante.

Huelga decir que este vehículo, uno de los más deseados y exclusivos fabricados en Japón, cumplió la visión del jefe del proyecto sin requerir siquiera la ayuda de James Bond, y que el Toyota 2000GT se ha ganado el derecho a acabar siendo reconocido como uno de los mejores coches del mundo.

Muchas gracias a Ronald y a su equipo del Museo Louwman, en La Haya, por su ayuda para redactar este artículo.

Nuestra política de privacidad

En nuestras webs utilizamos cookies, tanto propias como de empresas colaboradoras, para mejorar tu experiencia de usuario y mostrarte la información y publicidad adaptada a tus hábitos de navegación. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si necesitas más información o quieres saber cómo cambiar su configuración Política de Cookies.